Todo comenzó cuando recibí esa noticia, la espera de
quince largos años había terminado, por fin me darían un hermanito, mi familia
estaba muy feliz de eso, mi hermano, mi papá, mi mamá y yo acudíamos a la cita
mes con mes para observar todos los avances que tenía el nuevo miembro de la
familia. Hacíamos que ese día fuera especial, cenábamos juntos y al dar las
9:00pm nos dirigíamos al ginecólogo para ver a de nuevo a esa personita.
Los largos nueve meses de espera habían terminado,
cuando un 15 de Agosto, justo a la hora de la comida, mi mama sintió algo
extraño en su vientre, la bebé ya no se movía parecía que era el momento
exacto, por lo que llame a un taxi y nos dirigimos al hospital, al principio no
sabíamos que hacer, por lo que mi hermano se quedo en casa esperando a
cualquier persona que llegara y yo salí corriendo con mamá rumbo al hospital.
Rápidamente al llegar al hospital la atendieron pero no
fue hasta las 2:00am cuando por fin estuvo preparada para la cesárea que debían
hacerle. Fueron arduas horas de espera en las que mi hermano y yo moríamos de
ansias por saber que nuestra hermana había nacido. Así fue, en plena madrugada en nuestros celulares,
recibimos el mensaje con una pequeña foto de aquella pequeña niña que acababa
de nacer, nuestra nueva hermana.
Desde su nacimiento hasta el día de hoy ha sido la
persona que le trae cosas buenas a la familia, alegrías, enojos, pero sobretodo
nos unió tanto ella, que por eso es muy querida por todos; mi hermana, como mi
madre dice “es un vivo retrato tuyo”
pues a su corta edad, tiene tanto parecido conmigo, que me hace sentir
bien, tanto que puedo predecir cómo podrá ser en el futuro, sin embargo me
preocupa que llegue a cometer los mismos errores que yo, por lo que desde ahora
que es muy pequeña, trato de por mi parte darle buenos ejemplos para que ella
los adopte y evite todo lo malo que por experiencia puedo decir que se pudo
evitar.
El día de hoy cuenta con seis años de edad, acude a
primero de primaria y mi más grande satisfacción es saber que desde los cuatro
casi cinco años de edad, con ayuda de mi mamá, mía y de mi abuelita la
enseñamos a leer en todas unas vacaciones, tal como lo hicieron conmigo, pero
como se que esta vez aporte algo bueno para ella, me hace sentir orgullosa.
Siempre fue, es y será la mayor motivación de mí día a
día, mi hermana.